El trabajo de producción (Parte 3)

Tras haber visto el eslabón más alto del trabajo de producción, en la publicación de hoy exploraremos los dos últimos cargos de lo que se conoce como la “alta producción”: los coproductores y el director de producción.

Los coproductores. 
Estos son una fuente importante de dinero para dotar al film de mayores recursos, aunque no suelen estar muy presentes en las tareas o elecciones sobre el rodaje diario del largometraje.
Su campo de actuación hace que puedan influir en el diseño de la película (entendiendo diseño como la elección del director o los actores, si el proyecto todavía está en ciernes) y en decisiones de ámbito económico (que pueden implicar que el presupuesto inicial aumente). 

Hay dos tipos de coproductores: 
– Los productores asociados, que suelen ser personas de confianza del productor ejecutivo, ya que son recomendados por algún conocido dentro del sector audiovisual o por otro productor. Este tipo de productor invierte su capital en la película, arriesgándolo, esperando que el film consiga en la fase de explotación un éxito comercial.
Por lo tanto, su único propósito es velar por el éxito en su realización. En muy pocas ocasiones tienen poder de decisión, ya que normalmente tienen escasa formación audiovisual. 
– El productor delegado. Estos supervisan que se mantengan las condiciones acordadas. Estos, solamente aportan el capital, pero no organizan nada.

Director/a de producción. 
En el sistema cinematográfico norteamericano, esta figura es la contratada “por los grandes estudios para llevar a cabo el proyecto previamente diseñado por los executives” (Mollá, 2012:183). Por otro lado, en Europa, “esta figura suele ser una persona de confianza del productor ejecutivo que planifica las fases de producción, rodaje y postproducción” (Mollá, 2012:183). 

El director de producción es el responsable de hacer el presupuesto, así como también debe elaborar el plan de trabajo. También es el encargado de elaborar el calendario de pagos. Es el encargado de llevar a cabo el cumplimiento del plan de prevención de riesgos laborales. 

Cuando el productor ejecutivo aprueba el guion, éste pasa a las manos del director de producción, quien hace un trabajo de desglose muy exhaustivo para concretar las necesidades de rodaje tanto en el ámbito de la localización como de la figuración. 

Otra de sus funciones es la de contratar al equipo, es decir, los recursos materiales, humanos (técnicos y artísticos) y logísticos, y de gestionarlos debidamente de acuerdo a los presupuestos y el plan de trabajo aprobados. Bajo indicaciones del productor ejecutivo contrata a los jefes de equipo de cada campo y a los actores principales; quedando en sus manos contratar al resto del equipo. 

También es el responsable de realizar los trámites con la administración, facilitando las instancias y la documentación que les soliciten. Además, debe supervisar y gestionar el proceso de producción, incluyendo toda la documentación que durante el proceso se genere. Por otro lado, si fuese necesario, también tendría que supervisar la fase de postproducción, revisando que todo vaya según el plan. 

Por otro lado, una vez el productor ejecutivo se enfrasca en otros nuevos proyectos, la tarea del control de gastos del proyecto pasa al director de producción, según unas pautas prefijadas con antelación. 

El director de producción no suele visitar los rodajes, por lo que normalmente delega en el jefe de producción, que se convierte en su representante. Así, se dividen el trabajo y, mientras el director de producción “se concentra en los trabajos administrativos y de control de la producción en la oficina de preproducción, es decir, previsiones, gastos totales, etc.” (Mollá, 2012:184), el jefe de producción “se ocupa del trabajo diario de campo abriendo y cerrando, cada día, el rodaje” (Mollá, 2012:184). 

Con todo esto, ya hemos terminado el repaso a los tres puestos de trabajo más altos dentro de la jerarquía del departamento de producción de una película. Así pues, en las siguientes publicaciones hablaremos de los cargos de lo que se conoce como “la baja producción”. 

Redacción

Marcos Igual

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