No nos mudamos de la Calle 13. Latinidad y reguetón.

2005 fue el año elegido para el lanzamiento de Calle 13, el primer disco del grupo; y fue el año en el que el reguetón se consolidó como fenómeno masivo, abriéndose camino entre los éxitos pop-rock de la industria. Canciones como “La tortura” de Shakira y Alejandro Sanz o “Gasolina” de Daddy Yankee plantaban cara al “Hung Up” de Madonna o a James Blunt. Se consolidaba así el género que se había estrenado a nivel mundial con el tema “Papichulo” de la panameña Lorna.

El reguetón como música va a estar presente, aunque cada vez menos, a partir de “Entren los que quieran” en el año 2010, y a lo largo de la carrera del grupo hasta que se separaron en 2014. Pero ¿qué es el reguetón? El musicólogo Alexis Morales, a propósito de la canción “El tengo del pecado” de 2007, dirá:

Por definición, el reguetón no es música. La música es la buena combinación de melodía y ritmo. La canción requiere esos dos elementos, más la lírica. Ninguna de esas tres cosas tiene el reguetón. Ese género no tiene más ritmo que el de los taladros hidráulicos, ni más melodía que la Sala de Emergencia de Centro Médico, ni más lírica que los monólogos de los borrachos callejeros. (Torres 2007)

De esta reflexión podemos extraer dos cuestiones importantes para el análisis; su definición y su contenido. Por su definición, si nos remitimos a la caracterización de la música popular y masiva que hace Méndez Rubio, vemos que la música popular se caracteriza por ser más tímbrica y más rítmica que la música masiva, que se caracteriza por ser más armónica y más melódica (Méndez Rubio, 2016; 124, 144). Por su contenido, el reguetón representa la música de la cotidianidad, es una música que como práctica social está ligada a la realidad material más inmediata. No en vano la primera canción que hemos tenido sobre la pandemia ha sido de reguetón.

Otros autores, planteaban que Calle 13 hacía algo más que reguetón, como es el caso de Negrón-Muntaner, quien propone que hacían “una propuesta verbal de ruptura dentro y más allá del género” (2009; 1096) hasta tal punto que The New York Times los acuñó como “el primer grupo intelectual de reguetón” (Negrón-Muntaner, 2009; 1096), poco menos que los Rubén Blades del reguetón.

Las prácticas de Calle 13 están asociadas a una idea de “latinidad” que es heredera de la idea de “negritud”, que se utilizaba en los años sesenta para referirse a esa serie de prácticas y actitudes de subalternidad que practicaban los músicos negros -aunque no únicamente-. La “negritud” tiene más que ver con una actitud y con unas prácticas populares, de clase trabajadora, que con el hecho de ser negro o blanco.

Esta “latinidad” estaba relacionada con las nuevas identidades que emergían de la oleada de gobiernos progresistas en América Latina de las dos últimas décadas. Una construcción basada en la clase social, la periferia y la etnicidad. La actitud política (y de denuncia) está presente a lo largo de la historia del grupo, pero que tiene más que ver con un “instinto” de clase y raza que con unos objetivos y un ideario político concretos.

Esta identidad no se explica sin Puerto Rico, país de origen de Calle 13, ya que es un ejemplo paradigmático para hablar de la relación entre Estados Unidos y el resto de países al sur del continente. En este caso, Puerto Rico sigue siendo un resquicio de la época colonial, pues es un Estado Libre Asociado respecto a los Estados Unidos, por lo que pese a ser ciudadanos norteamericanos no tienen los mismos derechos y deberes que los ciudadanos que han nacido en Estados Unidos.

De esta manera, la identidad opera como “instrumento de reivindicación y reconocimiento de los discursos de los movimientos culturales contemporáneos” (Martins, 2015: 18) por lo que los grupos culturales se constituyen en torno a los aspectos con los que se relacionan, afirmando su “nosotros” en contraposición a un “otros” (Martins, 2015: 18).

Esta identidad latina se contrapone al “american way’s of life (y es de clase baja, subalterna, periférica; en sentido geográfico y político) de los barrios periféricos respecto al centro, y de los países del llamado tercer mundo en contraposición a los Estados Unidos como potencia económica, militar y cultural.

Es una identidad de origen subalterno que pertenece a la cultura popular, es una música negra de alto componente sexual -el reguetón- que va a estar presente sobre todo en los tres primeros discos del grupo: “Calle 13″, “Residente o Visitante“, y “Los de atrás vienen conmigo“. Hablamos de músicas con un timbre muy característico que beben del hip-hop estadounidense y del reggae jamaicano, con unas letras violentas y con un alto grado de sexismo, por lo que el cuerpo está siempre presente. Su música tiene un marcado componente sexual, erótico y sexista. Además, “la experiencia corporal es tan decisiva para la música, y para la música popular en particular, como lo es el baile como práctica relacional” (Méndez, 2016: 124).

Redacción

Miguel Ibáñez

Bibliografía:
– Díaz-Zambrana, R. (2010). “Gastronomía, humor y nación: estrategias retóricas en las letras de Calle 13”. Centro Journal, 2.
– Méndez Rubio, A. (2016). Comunicación musical y cultura popular. Una introducción crítica. Valencia: Tirant Humanidades.
– Negrón-Muntaner, F. (2009). “Poesía de porquería: la lírica posreguetónica de Calle 13”, Revista Iberoamericana, LXXV.

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