Norman Bates también celebra el Día de la Madre

Dos razones nos convocan esta semana a hablar de Psicosis de Alfred Hitchcock. La primera, el pasado miércoles 29 de abril de 2020 se conmemoraba el cuarenta aniversario de la muerte del cineasta británico. La segunda, hoy 3 de mayo celebramos el Día de la Madre y, precisamente, la historia de una madre y un hijo (y alguna cosa más) es la historia que cuenta esta película de 1960.

Antes de meternos en harina hay que decir que esta película, pese a haber sido parodiada y homenajeada en multitud de ocasiones, sigue funcionando a la perfección como una película de suspense, entretenida, y que te tiene pegado a la butaca desde el principio hasta el final.

Si todavía no la habéis visto (que serán los menos) o queréis pasar una buena tarde de domingo este es el momento perfecto, no os vais a arrepentir, es más, nos lo vais a agradecer. Si ya la habéis visto, es un buen momento para fijaros en los pequeños detalles, ya que cuantas más veces ves esta película mejor la entiendes.

Hay muchas cosas que se pueden decir sobre esta película, pero nosotros vamos a abordar solo algunos aspectos que nos parecen importantes y de manera superficial. Ni que decir tiene que, a partir de aquí, todo serán SPOILERS, así que si eres de esos menos que todavía no la ha visto: PARA, no sigas leyendo y corre a tu televisión/ordenador.

Cuenta la leyenda que cuando Psicosis se proyectó en los cines en Estados Unidos, los espectadores no podían entrar a ver la película una vez hubiera empezado, ya que la protagonista de la película desaparece (es asesinada) y la película toma otro rumbo. A partir del minuto cincuenta aproximadamente, la película carece de protagonista y continua como una (otra) película de investigación en búsqueda del asesino de Marion.

Hablar de Psicosis es hablar de suspense, de hecho, se dice que Alfred Hitchcock en esto es el maestro pero, ¿de qué hablamos cuándo hablamos de suspense? El suspense tiene que ver con el conocimiento de los personajes y del espectador, y esto es, qué sabe el espectador que no sabe el personaje. Imanol Zumalde dice: “sabedor del riesgo que acecha al protagonista el espectador, incapaz para intervenir y alertarlo, padece por anticipado en sus carnes esa sensación de peligro” (192-193; 2002). Por ejemplo, nosotros sabemos que la madre de Norman ha asesinado a Marion y al detective, por eso cuando su hermana (sospecha pero no sabe nada) se adentra en la casa en busca de la madre de Norman, nosotros sabemos que está en peligro y sufrimos con ella.

Un elemento importante en la película tiene que ver con el proceso de identificación del espectador con los personajes, es decir, “la empatía con el personaje cuyo itinerario seguimos” (Company, 2012, 137); y esto se relaciona con la “imitación afectiva” (138) en la que se suspende todo tipo de juicio moral. Un ejemplo claro de esto: nosotros queremos que Marion se escape con el dinero y pueda ser feliz con su pareja.

Este elemento al que nos acabamos de referir, en el cine de Hitchcock va más allá, como en este otro ejemplo: cuando Norman lleva el coche al pantano con el cadáver de Marion y el dinero en su interior, el coche parece que no se va a hundir y vemos la cara de preocupación de Norman. En este momento nosotros también nos preocupamos por Norman a pesar de todo, lo que indica cierta perversión del proceso de identificación que es una característica del clasicismo cinematográfico.

Otro ejemplo de exceso en el clasicismo cinematográfico lo podemos ver en la manera en la que Hitchcock trata el dinero, los 40.000 dólares que justifican la película. Desde el momento en el que Marion roba el dinero y lo vemos encima de la cama de su habitación, el dinero la cuestiona y toma un protagonismo que culmina en la secuencia en la que Norman está limpiando la habitación del motel en el que Marion ha sido asesinada. El dinero vuelve a ser importante en el travelling que nos conduce de los ojos de ella (muerta) al fajo de billetes (origen de todo mal) sobre la mesita de noche. En la secuencia en la que Norman entra en el baño, Company y (2002: 143) plantean:

el realizador se mantiene fiel […] al canon del clasicismo pero lo excede en el terreno de la enunciación. Y dicho exceso pone de manifiesto las costuras mismas de la representación, la materialidad con la que su artificio se construye.

Esto tiene que ver con el momento en el que Norman entra por la puerta de la habitación, el dinero parece saltar al centro del plano cuando en realidad está en una esquina, y la lógica nos dice que ese dinero no puede estar ahí. El “diálogo” que se ha producido en la secuencia en la que Marion hacía la maleta, vuelve a darse aquí entre el dinero y Norman, ya que el dinero no para de llamar la atención de éste, pero sin ningún resultado. Al final de la secuencia, ni corto ni perezoso, coge el periódico en el que estaban los 40.000 dólares y los mete dentro del coche.

Al respecto de la psicosis que sufre Norman, ya en los créditos iniciales (y en los finales) podremos ver unas barras que marcan una escisión como la que él vive, su subjetividad está dividida como anuncian los pájaros disecados que vemos cuando está hablando con Marion (Zumalde, 2002, 195), aunque eso no es lo único que está disecado en esa casa.

Más allá de las madres desenterradas, los pájaros disecados o los moteles de carretera, lo que está claro es que Psicosis de Alfred Hitchcock es una película fronteriza, pese a ser una película del clasicismo cinematográfico inaugura, en cierta manera, la cinematografía contemporánea. Ciudadano Kane (1941) de Orson Welles se movió también en esta frontera veinte años antes, pero el comentario de esta película lo dejamos para el Día Mundial de la Libertad de Prensa.

Con todo esto, os deseamos un Feliz Día de la Madre.

Redacción

Miguel Ibáñez

Bibliografía:
– Company, J.M. (2012). “¡Estoy aquí! Ubicuidad enunciativa del objeto en Psicosis”. En Aranzubia, A, Arocena, A, Carrera, P. (eds.). Composiciones de lugar. Madrid: Biblioteca nueva.
– Zumalde, I. (2002). “Paisaje edípico. Retorno a Psicosis cuarenta años después”. En Zumalde, I, Los placeres de la vista. Mirar, escuchar, pensar. Valencua: ediciones de la Filmoteca.

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